Personalidades del mundo alzan su voz para abolir la deuda en medio de la pandemia de COVID-19


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-En medio de la pandemia global por la COVID-19 que azota a la humanidad, un grupo de figuras destacadas del mundo alzaron su voz para solicitar la abolición de la deuda de los países en desarrollo, que actualmente asciende a más de 11 billones de dólares.

La iniciativa de las personalidades antideuda cuenta con el apoyo de la

expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff; el ministro del Poder Popular para las Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, Jorge Arreaza; el ministro de Finanzas de Kerala, India, T. M. Thomas Isaac; el exministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis; el abogado y activista argentino Juan Grabois; el director del Instituto Tricontinental para la Investigación Social, Vijay Prashad; y el presidente el Partido Socialista de Zambia, Fred M’bembe.

El pasado 9 de julio, el ministro del Poder Popular para el Proceso Social del Trabajo venezolano, Eduardo Piñate, en nombre del Gobierno Bolivariano, elevó la propuesta de suspender de manera definitiva el pago de la deuda, durante su participación en la Cumbre Mundial de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en virtud de la emergencia sanitaria generada por el nuevo coronavirus.

Mediante una declaración, los solicitantes argumentan que “continuar pagando el servicio de la deuda y seguir obligados por estas cargas de la deuda significa que los países en desarrollo no podrán enfrentar la pandemia de forma eficiente y eficaz, ni construir los sistemas necesarios para futuras emergencias de salud”. /CP

A continuación el texto íntegro del documento:

Según la información disponible, la deuda de los países en desarrollo asciende actualmente a más de 11 billones de dólares. En lo que resta del año 2020, los pagos del servicio de la deuda ascenderán a 3,9 billones de dólares. Esta deuda se ha disparado en las últimas décadas, dejando a la mayoría de los países en desarrollo en una situación financiera insostenible. Los defaults y los ajustes de la deuda parecen ser una constante entre los países en desarrollo; llegan puntualmente por razones que con frecuencia son externas a los fundamentos de sus economías.

La transformación de la austeridad en una condición permanente es lo que ha debilitado los sistemas de salud pública de tantos países y los ha dejado vulnerables a esta pandemia mundial. Continuar pagando el servicio de la deuda y seguir obligados por estas cargas de la deuda significa que los países en desarrollo no podrán enfrentar la pandemia de forma eficiente y eficaz, ni construir los sistemas necesarios para futuras emergencias de salud.

Cada dólar del servicio de la deuda que se destina a repagar un banco, o un rico tenedor de bonos, es un dólar que no se puede utilizar para comprar un ventilador o para el apoyo alimenticio de emergencia. En la crisis del coronashock, esto es al mismo tiempo moralmente indefendible y económicamente irracional.

La suspensión o aplazamiento de la deuda no proporciona una base para el necesario desarrollo de estos países. Simplemente difiere las cuentas.

Es hora de abolir estas odiosas deudas, que no pueden –en ningún caso– ser pagadas durante la recesión del coronavirus. Los acreedores, tanto públicos como privados se arriesgaron con sus inversiones. Explotaron las necesidades de los países en desarrollo al prestarles dinero con tasas de interés obscenas. Es hora de que paguen el precio por el riesgo que asumieron, en lugar de obligar a países con escasos recursos a pagar un capital precioso para ellos.

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