Más allá de la infancia: La urgencia de visibilizar e integrar a los adultos dentro del espectro autista




VENEZUELACOOL.COM.VE - La discusión sobre el trastorno del espectro autista (TEA) suele centrarse casi de forma exclusiva en las primeras etapas de la infancia y en el ámbito escolar, dejando en un preocupante segundo plano la realidad que afrontan los adultos autistas en el país. 

Diversas voces especializadas, como Johanna Peñalver —coordinadora nacional del Proyecto Ley de Autismo y Condiciones Similares—, han advertido sobre las fallas estructurales en la atención y la inclusión que dejan en una situación vulnerable a una vasta porción de la población. 

Mientras los debates se limitan a las aulas regulares o centros especializados para menores, el tiempo avanza y miles de jóvenes y adultos se enfrentan a un sistema laboral, social y de salud completamente desprovisto de adaptaciones reales.

El desafío de la integración no desaparece al cumplir la mayoría de edad; por el contrario, muta hacia barreras mucho más herméticas. Gran parte de la población diagnosticada dentro del nivel 1 —anteriormente conocido como de "alto desempeño"— transita la adultez lidiando en silencio con la incomprensión de su entorno, la falta de oportunidades laborales estables y la escasez de redes de apoyo médico enfocadas en sus particularidades neurológicas. 

Al igual que ocurre en el sistema educativo con el porcentaje de niños sin escolaridad, en el plano adulto la falta de estadísticas oficiales y políticas públicas claras invisibiliza a quienes intentan sostener una vida autónoma sin los respaldos adecuados.

Garantizar una verdadera inclusión exige desplazar la mirada más allá de los pupitres escolares y entender que el autismo es una condición de vida completa. Así como se reclama la integración escolar con sus respectivas adaptaciones pedagógicas, es imperativo construir espacios laborales flexibles, garantizar el acceso a diagnósticos tardíos certeros y fomentar una cultura de empatía que reconozca las capacidades de los adultos en el espectro. 

La deuda social pendiente con esta comunidad no se salda protegiendo únicamente la infancia, sino asegurando que la adultez sea sinónimo de dignidad, autonomía y respeto a sus derechos fundamentales./AS
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